miércoles, 10 de mayo de 2017

Altruísmo

Repasando Mínima Moralia de Th. W. Adorno, me he encontrado con un aforismo que me ha sugerido el título de la entrada. El aforismo es el siguiente:

Correo negro.- A quien no se le puede aconsejar, tampoco se le puede ayudar, decían los burgueses, que con el consejo, que nada cuesta, se liberaban de prestar ayuda a la vez que obtenían poder sobre el desvalido que acudía a ellos. Pero por lo menos ahí latía una apelación a la razón, que en el que pedía y en el que nada concedía aparecía como una cosa idéntica y recordaba de lejos a la justicia, quien seguía un buen consejo podía, en ocasiones, hallar una salida. Esto es cosa pasada. Quien no puede ayudar, por lo mismo no debería aconsejar: en un orden donde todas las ratoneras están taponadas, cualquier consejo se convierte inmediatamente en un juicio condenatorio. Inevitablemente lleva a que el que pide tenga que hacer exactamente aquello a lo que más enérgicamente se resiste cuando esta resistencia es lo único que le queda a su yo. Aleccionado por las mil situaciones en que se ve, acaba sabiendo ya todo lo que le pueden aconsejar, y solo se presenta cuando ha agotado toda sensatez y algo tiene que pasar. Eso no mejora su situación. El que una vez quiso consejo y no encuentra ya ninguna ayuda, el más débil en definitiva, aparece desde el principio como un extorsionista , cuya forma de actuar está de hecho extendiéndose imparablemente con la trustificación. Esto puede observarse del modo más nítido en un determinado tipo de altruístas que defienden los intereses de amigos necesitados e impotentes, pero en cuyo celo aceptan un oscuro elemento de coacción. Incluso su virtud última, el desinterés, es ambigua. Mientras intervienen de forma justa en favor del que no permiten que se hunda, tras el firme <> se oculta ya la tácita invocación a la prepotencia de grupos y colectivos con los que ya nadie puede tener desavenencias. Al no poder eludir a los incompasivos, los compasivos se convierten en mensajeros de la incompasibilidad. 

Th. W. Adorno. Mínima Moralia. Reflexiones desde la vida dañada. Akal Básica de Bolsillo. Obra completa 4. Madrid. 2006. Aforismo 89, pág. 141.

Fernando Reyes Díez