lunes, 16 de octubre de 2017

Kapuscinski me inspira

Kapuscinski me inspira.
    En la página 62 de la edición de Anagrama Séptima edición en <>: mayo 2016 de "Viajes con Heródoto", este magnífico libro de Ryszard Kapuscinski leo lo siguiente:

    La redacción.
    Viajes de oficio por el país.
    Reuniones. Encuentros. Conversaciones.
   En mis ratos libres me sumerjo en el estudio de diccionarios (¡por fin ha salido el inglés!) y en la lectura de los más diversos libros sobre la India (acaba de publicarse la imponente obra de Jawaharlal Nehru, El descubrimiento de la India, la gran Autobiografía del Mahatma Gandhi y el hermoso Panchatantra o los cinco libros de la sabiduría india).
   Con cada nuevo título, hacía un nuevo viaje a aquel país; me acordaba de los lugares que había visitado y descubría un nuevo fondo y los nuevos aspectos en aquello que antes me había parecido que ya conocía, a cada momento se abrían ante mí nuevos sentidos de las cosas. Eran viajes mucho más multidimensionales que aquel que realmente había hecho. Y al mismo tiempo descubrí que viajes semejantes se podían alargar, repetir y multiplicar leyendo libros, estudiando mapas, contemplando cuadros y fotografías. Más aún: que aventajaban a los real y materialmente hechos, pues en un viaje iconográfico uno se podía detener en cualquier lugar para observarlo con detenimiento, podía retroceder a la imagen anterior, etc., cosas que en un viaje real a menudo quedan fuera de nuestro alcance por falta de tiempo y oportunidad.
   Estaba absorto cada vez más en las extraordinarias riquezas de la India, pensando que esta se convertiría en mi <>, cuando un día de otoño de 1957 nuestra omnisciente secretaria de redacción, Krysia Korta, me sacó del despacho para susurrarme al oído, misteriosa y pres de excitación:
   -¡Te vas a China!

   Oh, magnífico Kapuscinski! Que manera tiene de describir un viaje... cualquier viaje.
   Se me ocurrió pensar en un psicoanálisis (no he escrito, el Psicoanálisis, deliberadamente). Porque un psicoanálisis, el concreto y específico de cada persona que decide en un momento dado recostarse en un diván para reescribir su historia, es un viaje. Es un viaje tal como es descrito por Kapuscinski en este bello pasaje. Cada sesión en el diván, es una etapa. Y es el propio viajero (el analizante) el que viaja a través de sus palabras. 

Recupero este párrafo:

 Con cada nuevo título, hacía un nuevo viaje a aquel país; me acordaba de los lugares que había visitado y descubría un nuevo fondo y los nuevos aspectos en aquello que antes me había parecido que ya conocía, a cada momento se abrían ante mí nuevos sentidos de las cosas. Eran viajes mucho más multidimensionales que aquel que realmente había hecho.
  
  Nada podría definir mejor lo que es el contenido de una sesión.

Fernando Reyes Díez